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Saeid Fazloula y los Juegos Olímpicos, una asíntota

Junio 16, 2021
Florencia Montaruli
6 min read
En 2015, Saeid Fazloula -un prometedor y exitoso piragüista- tuvo que huir de Irán tras ser acusado de “alejarse del islam” y “convertirse al cristianismo” (Créditos: Uli Deck – DPA – Picture-alliance
En 2015, Saeid Fazloula -un prometedor y exitoso piragüista- tuvo que huir de Irán tras ser acusado de “alejarse del islam” y “convertirse al cristianismo” (Créditos: Uli Deck – DPA – Picture-alliance

A principios de junio, el Comité Olímpico Internacional anunció la nómina de refugiados que estarán en menos de un mes en Tokio. Cinco atletas son refugiados iraníes. ¿Es su inclusión un honor para Irán o, por el contrario, demuestra el destrato del país hacia sus deportistas y el peligro que radica el hecho de pensar distinto?

La lista de atletas iraníes que han emigrado o huido de Irán crece cada año. Ser deportista en Irán se ha tornado para muchos, en una actividad peligrosa. Mientras la lista crece, el régimen iraní niega completamente la situación y afirma que la emigración de atletas es un “rumor inventado por el enemigo”.

Entre esas historias negadas, se encuentra una de resistencia, resiliencia y esperanza: Saeid Fazloula, un piragüista acogido por la Federación Alemana de Canotaje, quien, en su tierra natal, Irán, fue detenido y amenazado con la pena de muerte. ¿El delito? Simplemente sacarse una foto frente a la Catedral de Milán, en Italia, uno de los símbolos del mundo católico occidental.

El periodista deportivo Tomás Padilla resume en una increíble historia que hoy llega al lector a través de IranWire, cómo la vida puede darle una segunda oportunidad a aquellos que persiguen firmemente un objetivo. La fe sin fisuras en que todo finalmente va a salir bien, inclusive cuando te amenazan de muerte, es el resumen más gráfico de que “el que quiere, puede”.

***

Es 1964, Miami, Estados Unidos. El joven boxeador Cassius Clay pelea ante Sonny Liston y le arrebata el título mundial de pesos pesados. Al día siguiente, Cassius le contesta a un periodista: "No tengo por qué ser lo que ustedes quieran. Soy libre de ser lo que yo quiera”. Allí nace Muhammad Alí como un símbolo político-religioso, capaz de desafiar al establishment estadounidense. Tres años después, en Houston, Alí -musulmán- se negaría a alistarse en el ejército para ir a la guerra de Vietnam. “No traicionaré a mi religión, a mi gente ni a mí mismo convirtiéndome en un juguete para esclavizar a quienes luchan por justicia, libertad e igualdad. ¿Y si voy preso qué? Ya estamos presos desde hace cuatrocientos años”. Su revolucionario legado sigue sin fecha de caducidad. Saeid Fazloula, atleta iraní refugiado en Alemania, cita a Muhammad cuando le preguntan qué lo motiva a seguir pese a los obstáculos: “Piénsalo, créelo y conviértete en eso”.

En 2015, Saeid Fazloula -un prometedor y exitoso piragüista- tuvo que huir de Irán tras ser acusado de “alejarse del islam” y “convertirse al cristianismo”. ¿El delito? Tomarse una fotografía frente a la Catedral de Milán durante el Campeonato del Mundo en Italia. De regreso al país el régimen lo detuvo, sometió a un interrogatorio y amenazó con la pena de muerte. Saeid, tres veces subcampeón de los Juegos Asiáticos, eligió escapar por la ruta de los Balcanes y reinventar su vida en Karlsruhe, una ciudad con poco más de 300 mil habitantes, ubicada al suroeste alemán.

Aunque dejó atrás su tierra natal, lo que no hizo fue abandonar el canotaje, deporte que aprendió a orillas del Mar Caspio. Encontró ‘refugio’ en el club de canoas Rheinbrüder, donde comenzó a entrenar bajo las órdenes del medallista de oro en piragüismo de Atlanta 1996, Detlef Hofmann. Pese al apoyo de la Confederación Deportiva Olímpica Alemana y la Asociación Alemana de Canoas, los últimos cinco años fueron muy difíciles para él. Porque en su mente siempre estuvo una ilusión llamada Juegos Olímpicos:  no clasificó a Londres 2012 y en Río 2016 quedó en la lista preliminar del primer equipo de refugiados del Comité Olímpico Internacional (COI). Saeid fue desafectado porque el requisito que dispone el COI para formar parte de la delegación es lograr el estatus de refugiado y, tanto Irán como la Federación Internacional de Piragüismo, no quisieron aceptar los trámites burocráticos.

El martes 2 de junio, Thomas Bach, presidente del COI, anunció la nómina de refugiados que estarán en menos de un mes en Tokio. “Ustedes -les dijo Thomas- enviarán un poderoso mensaje de solidaridad, resiliencia y esperanza al mundo". El deporte, vehículo de revanchas, confirma que lejos de tratarse de una secuencia estocástica, la historia de los atletas -en especial la de Saeid- es de superación y trabajo: puede decir que es uno de los veintinueve deportistas que abandonaron su país “por motivos de guerra o persecución” y, gracias al reconocimiento del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), cosecharán los frutos por no desistir de su sueño olímpico.

Equipo de Atletas Refugiados Olímpicos (ROA): el 17% proviene de Irán

Si comparamos la lista del equipo de refugiados de Río 2016 con la de Tokio 2021, rápidamente advertimos tres cosas: la nómina aumentó de diez a veintinueve representantes (de once países diferentes), siete de ellos viven y entrenan en Alemania, y la delegación pasó de no contar con ningún iraní a reunir cinco. Este último dato, ligado estrechamente al destrato del régimen islámico con los atletas nacionales: en enero del año pasado Kimia Alizadeh, primera medallista de Irán en los Juegos Olímpicos -Zahra Nemati ya lo había conseguido en los Paralímpicos-, se marchó a los Países Bajos enfrentada con las autoridades, a quienes acusó de tratar a los deportistas como “herramientas de un régimen que quiere explotar políticamente el éxito deportivo y que humilla a mujeres como yo”.  

Aunque el flamante equipo de refugiados que debutó en Brasil no contaba con presencia persa, existe una especie de antecedente: la taekwondista iraní-belga Raheleh Asemani estuvo a punto de integrarlo, pero a último momento le otorgaron su nueva nacionalidad. En diciembre de 2012, a los veintitrés años, Raheleh se marchó a Amberes, Bélgica, en busca de una mejora deportiva. La estadía de un mes se extendió de manera indefinida. En la final del Abierto de los Países Bajos enfrentó a una atleta israelí –lo cual está prohibido en Irán debido al conflicto que existen entre ambos países– y lo hizo sin el hiyab –código de vestimenta femenina islámica que dicta que deben cubrirse el cabello–. Por temor a las represalias, decidió radicarse de forma definitiva en Europa.

Según el COI, los miembros del ROT son elegidos por el rendimiento deportivo de cada atleta y su estatus de refugiado, que otorga el ACNUR. También, tienen en cuenta los antecedentes personales y que haya una representatividad equitativa respecto al deporte, género y regiones. De los becados que estarán en Japón, el 17% proviene de Irán: Dina Pouryounes Langeroudi y Kimia Alizadeh Zenozi (taekwondo), Javad Majoub (judo), Hamoon Derafshipour (karate) y Saeid Fazloula (piragüismo). Sólo Siria con nueve (el 31% del total), supera en representantes a la República Islámica y Sudán del Sur, con cuatro, completa el podio.

Durante estos nueve años, los Juegos Olímpicos y Saeid Fazloula fueron una asíntota: algo que se desea y que se acerca de manera constante, pero que nunca llega a cumplirse. En 2021, sus caminos finalmente se entrelazaron. Porque, en un guiño al refrán, la tercera fue la vencida. Aunque para él, además de la vencida, significa el colofón de esa fe sin fisuras que lo mantuvo vivo durante su exilio. “Quizás esta sea mi última oportunidad -había dicho Saeid a la cadena alemana Deutsche Welle-. Sería un final feliz después de luchar durante seis años".

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