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“El impacto de las violaciones a los derechos humanos es grande, duradero y pervive en la memoria”

Septiembre 3, 2021
Florencia Montaruli
9 min read
“El impacto de las violaciones a los derechos humanos es grande, duradero y pervive en la memoria”

La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad. Durante años, IranWire ha cubierto los hechos sobre la comunidad Baha’i en Irán, la minoría religiosa no musulmana más grande en ese país, y cómo a través de la resiliencia los Bahai’ís han logrado sobreponerse y afrontar la discriminación sufrida desde la Revolución Islámica de 1979, privándolos del acceso a derechos tan básicos como la educación y el trabajo, a través de, por ejemplo, la creación de una universidad “clandestina” y de formas innovadoras de sostener su comunidad. IranWire también intenta remarcar el costo de la discriminación en otros países, en particular en Latinoamérica, que ha sido muchas veces a lo largo de su historia víctima de violaciones a los derechos humanos y de dictaduras represoras.

En su entrevista más reciente para este proyecto, IranWire dialogó con Rafael Rincón Zerpa, asesor de liderazgo, estrategia y asuntos globales y creador del proyecto Quadriga. Rafael es chileno, pero de origen venezolano y posee un amplio conocimiento de los procesos políticos de los países de América Latina gracias a su formación como Master en Relaciones Internacionales y Doctor en Estudios Americanos.

Consultado sobre qué es lo que considera que Latinoamérica puede enseñarle a Irán en relación con las formas de enfrentar las violaciones a los Derechos Humanos, con las formas pacíficas de superar las censuras y la discriminación, tal como la comunidad Baha’i lo ha estado haciendo a través de la resilencia, Rincón Zerpa intenta mostrar las lecciones que América Latina le ha dado al mundo desde lo negativo y lo positivo.

“América Latina ha vivido episodios terribles de violación de los derechos humanos. Y ha conocido a generales y caudillos de todo signo que, con sus ayudantes —funcionarios bajo su dirección y gobiernos cómplices—, han dejado una mancha de sangre indeleble y un dolor permanente en la memoria de todos. Lo peor es que algunos siguen ahí. Es cosa de ver, en pleno siglo XXI, a Cuba, Nicaragua y Venezuela, es decir, a Nicolás Maduro —luego de Hugo Chávez— y a Daniel Ortega. O, en el caso cubano, primero a los hermanos Castro y después a su sucesor, Díaz-Canel. Son ya más de 60 años de cruel opresión castrista. Por fortuna, otras dictaduras han pasado a la historia en naciones que transitaron a la democracia”, explica Rafael y agrega: “cuando uno mira esto se pregunta si hay algo de América Latina que se pueda aprender, pues no ofrece un panorama esperanzador, al menos en algunos países. Y, la verdad, quizás tampoco como región, pues la tolerancia hacia regímenes abusivos ha ayudado a que estos sobrevivan.

En este sentido, Rincón Zerpa intenta hacer un paralelismo con lo que sucede en Irán, haciendo hincapié en que el país no solo es gobernado por un régimen opresor, sino que además influye peligrosamente más allá de sus fronteras: “miremos hacia el Líbano y Hezbollah”, remarca. “Aún con todo esto no hay, por varias razones, un esfuerzo decidido, o al menos efectivo, de la comunidad internacional en pleno para impulsar un cambio democrático. Sé que no es fácil, pero es una realidad que debo mencionar. Quizás estoy siendo demasiado idealista, pero veo a iraníes que sufren o a disidentes destacados clamar por libertad y pienso: ¿por qué no puede avanzarse en ese sentido, aunque sea un camino difícil? Si hay iraníes que tanto valoran la libertad, ¿por qué el resto estaría impedido? Dificultad no es imposibilidad. Y, como decía Václav Havel, no hay que hacer las cosas solo por sus posibilidades de éxito sino porque son lo correcto”.

Pero, Rafael Rincón Zerpa también rescata una lección positiva de América Latina al mundo: “primero está la lección de la voluntad. Chile, el país donde resido, vivió un episodio en su historia reciente marcado por violaciones a los derechos humanos. No solo hubo un trabajo de algunos activistas para recuperar la democracia, sino que, con el retorno de esta, hubo un esfuerzo de líderes e intelectuales para consolidar las nuevas instituciones. Se avanzó muchísimo. Hubo, además, voluntad para pasar la página sin olvidar. Y esto es importante: se hizo un esfuerzo enorme por seguir adelante sin negar la justicia necesaria para las víctimas. Esto es relevante porque, siguiendo la analogía del libro, se pasa la página. No se arranca para tirarla a la papelera del olvido”.

Rincón Zerpa también rescata la cara positiva en Irán: “creo que Irán tiene también una importante experiencia. Y se me vienen dos nombres a la mente entre tantos otros: el de Masih Alinejad y el de Maziar Bahari, que hacen un trabajo valiente y perseverante. IranWire, es un ejemplo maravilloso de superación de barreras y de desafío democrático a la censura y la discriminación. “No hay esfuerzos de sociedad civil o institucionales sin personas, voluntad y cooperación”, cierra.

Los bahá'ís en Irán, su minoría religiosa más grande, con al menos 300.000 personas, son objeto de violación de sus derechos humanos de forma constante, desde la Revolución Islámica de 1979. Más de 200 Baha’ís han sido ejecutados desde el inicio de la Revolución. Y más recientemente, la persecución se basa en un memorando de 1991, firmado por el entonces y actual líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, que dijo que el progreso de los bahá'ís debería ser "bloqueado" negándoles oportunidades a la educación superior y por ende, a mejores oportunidades de empleo y negocios.

¿Por qué Rafael Rincón Zerpa cree que las violaciones de los derechos humanos, como es en este caso a una minoría religiosa en Irán, deben ser tratadas con preocupación y se debe generar conciencia a todas las personas, en todos los países?

“Primero, los derechos humanos son, como dice explícitamente el término, «humanos». Estamos hablando de vidas, pero no solo de vidas orgánicas, de cuerpos que funcionan con sus partes —un corazón, unos brazos, un cerebro—, sino de biografías, es decir, de historias, sueños, trayectorias, relaciones y experiencias. Cuando hablamos de derechos humanos nos referimos a los de personas como usted y como yo. Sin duda podemos estar separados por kilómetros de distancia o tener antecedentes distintos y vivir en circunstancias diferentes, o hablar lenguas que no entendemos y tener costumbres apartadas, pero sentimos de la misma forma el dolor, la tristeza, el sufrimiento y la desesperanza. Y también la felicidad y el amor. Compartimos lo que nos hace humanos. Cada vez que se maltrata a una persona —cuando se tortura a alguien, se le priva de libertad injustamente o se le amenaza— es una biografía la que queda golpeada, herida, mutilada, aterrada”, sanciona Rafael.

Y agrega: “es una experiencia que queda marcada. Y cuando se asesina a un ser humano, es un sueño que se trunca y una historia que violentamente se acaba, quedando el triste recuerdo en sus familiares y amigos. Porque somos individuos, pero a la vez parte de familias y de círculos sociales que sienten cuando uno de sus miembros sufre o desaparece. El impacto de las violaciones de los derechos humanos es grande y duradero. Se extiende en torno a las víctimas y pervive en el tiempo, en la memoria”.

Su formación académica en Relaciones Internacionales y Estudios Americanos le permite a Rafael hablar agregar un valor más desde la teoría: “un avance extraordinario del siglo XX es el que los derechos humanos, cuyo sentido ya existía y por lo que apreciamos la vida, la libertad y la dignidad, hayan quedado declarados en un documento como «universales»... en un compromiso de todo el mundo. La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue elaborada por representantes de cada región del planeta ¡Imagine la diversidad jurídica y cultural! Luego fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París el 10 de diciembre de 1948. Este es uno de los consensos más valiosos que hemos logrado. Y debemos celebrarlo y defenderlo... aunque tengamos que reconocer que no en todo momento lo honramos y que su existencia no ha detenido la crueldad, la intolerancia ni la tiranía”.

Pero más allá de estas cuestiones, Rafael enfatiza en el “deber” que tenemos para con el reconocimiento y la toma de conciencia sobre los derechos humanos: “en una conversación que mantuve con el filósofo español Gregorio Luri para nuestro podcast «En el Fin del Mundo», él nos planteó este punto de vista que yo no conocía. Nos sugirió pensar más bien —y aquí vamos al asunto central— en el deber. No hace falta estar en los zapatos de una mujer embarazada para darle el asiento en el transporte público. Lo hacemos por deber, pero no a regañadientes, sino porque apreciamos la educación y lo correcto. Pues bien, creo que tampoco hace falta «estar en los zapatos» de las víctimas de tiranos y abusadores —no podemos ni imaginar su desgracia—, sino pensar en nuestro deber moral. Y pienso que el deber nos lleva a la acción más que la pura empatía”.

El mensaje central de Rafael llama a la toma de conciencia, y a la profunda herida que deja la indiferencia.

“Quiero recordar aquí a Elie Wiesel, un sobreviviente del Holocausto a quien considero un héroe de la talla de Václav Havel. Una famosa cita suya dice así: «Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Lo opuesto al arte no es la fealdad, sino la indiferencia. Lo opuesto a la fe no es la herejía, sino la indiferencia. Lo opuesto a la vida no es la muerte, sino la indiferencia»”. “Los derechos humanos son pisoteados a diario en muchos países e Irán es uno de ellos. No podemos, rememorando a Wiesel, ser indiferentes”.

Finalmente, la pregunta obligada, dado que Rafael es de origen venezolano, tiene que ver con la particular relación que mantienen la República Islámica de Irán con Venezuela. IranWire intentó indagar cómo afecta a la superación de estas violaciones a los derechos humanos, el hecho de que países como Venezuela encubren la situación de Irán.

Él es muy concreto en su respuesta. “Lo primero que debemos decir es que Venezuela e Irán son dos países gobernados por dos tiranías, cada cual con sus propias características pero coincidentes en el desprecio por la democracia, en la negación de la libertad de las personas y en su retórica antiestadounidense. Están emparentadas por el gen autoritario y por su aversión a los valores que han fomentado el progreso de la humanidad, no solo económico, sino intelectual, cultural y social”.

Pero también, agrega una opinión clave al respecto: “no veo que el gobierno chavista de Maduro en Venezuela encubra la situación de Irán y las violaciones de los derechos humanos en ese país. Es más bien acompañante y cómplice. Es cómplice activo, algo mucho más grave que ser encubridor. De hecho, participa de su propaganda. Mire usted cualquier referencia a Irán en los medios de comunicación oficiales venezolanos y encontrará una afinidad indudable y muestras más que abundantes de simpatía hacia su régimen. Estoy seguro de que no saldrá una crítica, un cuestionamiento, una preocupación o tan sólo una mención que se refiera a un abuso, a la situación de un disidente iraní o a barbaridades como las ejecuciones. Y esto no solo ocurre con Irán, sino con todos los gobiernos amigos del chavismo, como los de Bielorrusia, Corea del Norte, Rusia, China, Nicaragua y Cuba”, finaliza.

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